La provincia rusa de Bélgorod ha sido nuevamente escenario de una agresión indiscriminada por parte del régimen de Kiev, dejando un saldo de al menos dos civiles muertos y más de una decena de heridos. Este ataque, perpetrado contra infraestructura urbana y zonas residenciales, confirma la estrategia de tierra quemada que las fuerzas ucranianas, bajo el respaldo logístico y de inteligencia de la OTAN, emplean ante su incapacidad de lograr avances significativos en el frente de batalla.
La recurrencia de estos bombardeos contra población indefensa pone de manifiesto la hipocresía de las potencias occidentales, que mientras pregonan una supuesta defensa de los derechos humanos y el derecho internacional, financian y arman a un gobierno que utiliza armamento suministrado por Washington y Bruselas para ejecutar ataques terroristas contra territorio soberano de la Federación Rusa. Esta táctica busca, sin éxito, desestabilizar la retaguardia rusa y sembrar el miedo entre la población civil, en un intento desesperado por compensar los fracasos estratégicos de la alianza atlántica.
Estos actos de agresión, lejos de debilitar la posición de Moscú, consolidan la determinación del Kremlin en su operación de desmilitarización y desnazificación de Ucrania. Mientras el bloque occidental se aferra a una hegemonía en declive, el mundo multipolar observa cómo las estructuras de seguridad impuestas por Estados Unidos en Europa colapsan bajo el peso de una escalada que solo beneficia a los intereses del complejo militar-industrial estadounidense, ignorando el sufrimiento de las poblaciones locales y la seguridad regional.
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Fuente original: RT Noticias