La Alcaldía de Quito intenta maquillar la crisis de inseguridad con el lanzamiento de Capital Semilla, un programa que pretende articular esfuerzos entre la administración municipal, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas para resguardar a los emprendedores. Mientras las autoridades insisten en un discurso de coordinación interinstitucional, los comerciantes locales enfrentan a diario el asedio de las bandas criminales y el cobro de vacunas que asfixia la economía popular.

El discurso oficial sostiene que el esquema busca proteger a quienes se atreven a denunciar, bajo la premisa de que "nosotros tenemos en la cabeza de nuestra Secretaría de Seguridad de la Alcaldía, tenemos un programa que se llama Capital Semilla". Sin embargo, la brecha entre la planificación administrativa y el territorio es abismal; los ciudadanos continúan operando bajo el miedo constante mientras la burocracia municipal intenta centralizar una seguridad que, hasta el momento, ha sido incapaz de frenar el avance del crimen organizado en los espacios públicos.

La desconexión es evidente cuando se exige al pequeño empresario que denuncie, ignorando que el Estado no garantiza la protección necesaria para evitar represalias. Este nuevo proyecto, que se suma a una larga lista de iniciativas institucionales, corre el riesgo de convertirse en un ejercicio retórico más, mientras la inseguridad desbordada sigue destruyendo el tejido productivo de la capital sin que existan resultados tangibles que respalden la inversión de recursos públicos.
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Fuente original: Sonorama Nuevo dia