Mientras las autoridades municipales presumen de una supuesta coordinación interinstitucional, la realidad en las calles de la capital desmiente el discurso oficial. La activación semanal de puestos de mando operativo, que involucra a agentes metropolitanos, control, bomberos, Policía Nacional y Fuerzas Armadas, se ha convertido en una puesta en escena que intenta normalizar una crisis de seguridad que no cede.

El funcionario responsable de esta estrategia minimizó el impacto de la criminalidad al asegurar que, pese a los problemas, el control es efectivo. "Si bien es cierto que tenemos algunas complejidades, creemos que estamos logrando sostener las acciones preventivas que son fundamentales y muestra de esto son las cifras de la incidencia de los puestos de control", afirmó al intentar justificar la presencia de uniformados en la vía pública como una solución definitiva.

El ciudadano común, sin embargo, percibe una desconexión total entre los despliegues mediáticos y su integridad física. La insistencia en resaltar las "cifras de incidencia" de los operativos suena a una estrategia estadística para maquillar la falta de resultados reales, mientras la percepción de inseguridad y la tasa de delitos siguen marcando una agenda que el Municipio parece incapaz de controlar.

El despliegue de uniformados y vehículos en puntos estratégicos no ha logrado frenar la escalada de violencia que afecta a los barrios de Quito. La ciudadanía exige resultados tangibles y no solo el reporte de operativos preventivos que, a la vista de los hechos, no han logrado reducir la vulnerabilidad de los quiteños frente a la delincuencia organizada.
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Fuente original: Sonorama Nuevo dia