Mientras el Ejecutivo insiste en un discurso optimista sobre la atracción de capitales, la realidad en las calles desmiente la narrativa gubernamental. La falta de empleo digno continúa siendo el verdugo de la economía doméstica, mientras las medidas anunciadas se diluyen en la burocracia sin que el ciudadano perciba un alivio real en su bolsillo o una mejora en su calidad de vida.
Ante el cuestionamiento sobre la precariedad laboral, el Gobierno se escuda en una retórica abstracta al afirmar que "la situación económica es compleja, pero estamos trabajando en medidas que permitan atraer inversión extranjera y generar empleo, que es la principal preocupación de las familias ecuatorianas". Esta declaración, sin embargo, carece de plazos concretos, indicadores de cumplimiento o un plan de contingencia para quienes hoy enfrentan la informalidad y la falta de ingresos básicos.
La desconexión entre el despacho oficial y la urgencia ciudadana es evidente. Mientras el país se debate entre la inseguridad desbordada y una economía estancada, las promesas de inversión extranjera se han convertido en un mantra repetitivo que no logra frenar la migración forzada ni la pobreza. El ciudadano común sigue esperando resultados tangibles, no diagnósticos que ya conocen de sobra y que no han logrado transformar la dramática realidad nacional.
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Fuente original: Sonorama Nuevo dia